Escalofriantes sucesos recientes de crueldad a caballos y gatos perpetrados por adolescentes en Miami motivan a Jose A. Vargas a reflexionar sobre la pérdida de viejos valores en la juventud.
Aunque han pasado unos cuantos lustros, aún recordamos nuestra época de jóvenes. Cuando resolvíamos un problema con cualquier compañero de escuela con unos cuantos puñetazos que se olvidaban al día siguiente después de un apretón de manos. Cuando alimentábamos cualquier gato callejero sólo por el placer que nos producía hacerlo. Cuando íbamos al cine y admirábamos el Palomino en el que cabalgaba Roy Rogers y el caballo blanco de Hopalong Cassidy que interpretaba William Boyd.
Pero todo ha cambiado y para mal, que es lo peor y más frustrante. Puede que sea la falta de educación en los hogares y la violencia doméstica. O quizás la influencia de los violentos programas de televisión. O la “maravilla” de la internet que exhibe hasta una decapitación. O la falta de regulaciones en las escuelas en las que los maestros pierden autoridad siempre temerosos de las demandas civiles que pueden costarle sueldo y empleo.
También puede ser una combinación de todo lo arriba expuesto pues lo cierto es que ahora la mayor parte de la juventud actúa diferente y ven la violencia y hasta el crimen como algo natural que debe asombrar a nadie. En las escuelas, los muchachos resuelven sus discusiones no a puñetazos como se hacía en antaño, si no con cuchillos y armas de fuego y es raro el mes que no se comete un crimen en algún centro escolar del país.
Jóvenes que sienten placer matando y descuartizando gatos ensañándose con los infelices y tiernos animalitos sólo por el placer que les produce verlos sufrir, como ocurrió recientemente en Palmetto Bay. Y algunos que hacen gala de una mentalidad que espanta, llegan a descuartizar caballos, como también recientemente sucedió en Hialeah.
De hecho, es alarmante la situación. Y más aún cuando no se ve ni amago de encontrar la causa que la produce y mucho menos de buscar solución. Es mucho lo que ha avanzado el mundo en tecnología. Pero cabe preguntar, ¿Cuánto en realidad ha avanzado la sociedad en que vivimos supuestamente como seres humanos?
Jose A. Vargas
vargasvallbona@bellsouth.net


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