Juan Carlos había llegado a Estados Unidos hace pocos meses. Según había manifestado, se encontraba contento y ansioso de estudiar fuerte.
Tanto los padres, como las escuelas y las autoridades, tienen la obligación de vigilar a los jóvenes para evitar que vuelva a ocurrir otro asesinato, Un llamado que hace José M. Burgos.
La trágica, absurda y prematura muerte del joven Juan Carlos Rivera, de sólo 17 años causada por un compañero que le propinó tres letales puñaladas, tiene consternados a los residentes del sur de la Florida.
El triste hecho se registró en el patio de una escuela secundaria de la ciudad de Coral Gables el martes donde el joven homicida, después de apuñalear a su compañero en un arranque de celos, lo dejó en el suelo agonizante y emprendió la fuga. No obstante, agentes de la policía lo capturaron minutos más tarde.
El sospechoso, también de 17 años de edad y que responde al nombre de Andy Rodríguez, fue interrogado y acusado de asesinato.
Juan Carlos había llegado a Estados Unidos, hace sólo cuatro o cinco meses y según había manifestado, se encontraba contento y ansioso de estudiar fuerte.
Familiares del adolescente que residen en Miami no saben cómo darle la triste noticia a su madre que vive en Cuba, y al padre que vive en España.
Estos casos de violencia, que se han vuelto frecuentes en las escuelas y universidades del país no tienen ninguna justificación y tanto los padres, como las escuelas y las autoridades, tienen la obligación de vigilar a los jóvenes para evitar que vuelvan a ocurrir.
Sería conveniente que al ingreso de las escuelas se colocaran detectores, o que los estudiantes sean sometidos a requisas minuciosas antes de su ingreso, en aras de la seguridad de los estudiantes y del personal que labore en ellas.
Esta absurda tragedia que enluta al sur de la Florida debe servir para que todos reflexionemos y busquemos soluciones drásticas para frenar la violencia estudiantil.
José M. Burgos S.


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