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Nada es en vano: espiritualidad y desempleo

Esta es mi segunda entrega de mi nueva columna mensual sobre espiritualidad y valores. Me fascina este proyecto. Es un regalo de Dios.

Para combatir el desempleo hay una solución eficaz y segura que ni la Reserva Federal ni el Departamento del Trabajo han mencionado en sus repetidos intentos por rescatar la productividad: alimentar la espiritualidad.

Sufrir la pérdida de un trabajo y estar desempleado por mucho tiempo es muy estresante; afecta a las personas no sólo en lo emocional, sino también físicamente. Sobre todo, puede dejarlo a uno en la bancarrota moral.

Pero es oportuno destacar que existe una panoplia de recursos no materiales para no sentirnos mal por estar sin trabajo.

No es mi intención minimizar el impacto negativo del desempleo. Es tremenda carga. No hay duda. Sin embargo, desde la perspectiva espiritual, estar sin trabajo ofrece una oportunidad de crecimiento y de autorrealización.

¿Cómo puede el desempleo tender un puente hacia la espiritualidad? ¿Cómo la espiritualidad da fuerzas a alguien para no dejarse abatir por el desempleo?

La exploración interna. El desempleo no nos deja otra opción que encaminarnos en un proceso de introspección, no sólo para saber qué queremos o podemos hacer, sino también para profundizar el contacto con uno mismo, con la comunidad, con la naturaleza y con el universo.

El camino de Copérnico. No trabajar nos regala el preciado ocio del cual, en una economía de mercado, nunca disponemos. Copérnico estudiaba astronomía en su tiempo libre. De hecho, las mejores obras y creaciones de la humanidad se lograron en momentos de ocio. ¿Por qué no dedicarse a un proyecto personal que nunca se puso en marcha?

Ser o no ser. Este es un momento fértil para las reflexiones filosóficas y para hallar respuestas a dilemas existenciales. ¿Qué espero de la vida? ¿Cómo mido mi éxito? ¿Cuáles son mis verdaderas bendiciones? (La familia). ¿Qué es gratis y se puede disfrutar? (La amistad).

Amén, amén. Hasta el más agnóstico, si está desesperado porque no consigue trabajo, reza discretamente por si acaso funciona. Se ha demostrado que la plegaria sana y que, eventualmente, abre las puertas al mundo espiritual. Para los creyentes, rezar intensamente alimenta una relación más íntima con su Creador.

Abiertos a trascender. La vida en los momentos de crisis tiende a volverse desatinada y los pensamientos obsesivos nos agobian. El estrés y la sensación de vacío, que nace de depender de factores externos para la felicidad, conducen al camino de la meditación, la relajación, el yoga, el reiki y tantos otros métodos para resguardar el alma.

Las páginas de la sabiduría. Un buen libro casi puede hacer milagros. Es fundamental tener sobre la mesa de noche varios libros de autoayuda, como los de Eckhart Tolle, Deepak Chopra y Louise Hay. Y hay un manantial de fuentes sagradas comenzando con la Biblia para los cristianos practicantes y el Canon Pali para los budistas.

Ayudar al prójimo. Dar a los demás termina dándole a uno mucho más. Hay instituciones comunitarias que necesitan voluntarios para prestar sus servicios, en especial ahora que tienen menos fondos. Uno se siente útil y se percata de que hay situaciones mucho más tristes que estar desempleado.

La ley de la atracción. Enfocarse en las frustraciones trae más frustraciones y más malas noticias. En contraste, cuando comenzamos a ver la vida con colores pasteles y dejamos de darle tanto poder a un empleo, nuestra energía se torna positiva y atraemos ofertas de trabajo y entrevistas. Al ser optimistas se nos abren más puertas.

La lista de gratitud. Escribir todas las mañanas una lista con 10 elementos por los que estamos agradecidos es el mejor antidepresivo y una técnica para apreciar y celebrar lo que atesoramos. Cuando al final del mes aún se tiene un techo, hay que dar las gracias.

Nada es en vano. Al haber alimentado la espiritualidad gracias al desempleo, nos damos cuenta de la fortaleza y las bendiciones que nos trajo esta situación. No será motivo para celebrar, pero por lo menos sabemos que tenemos las herramientas para transformar un momento amargo en un sendero a una vida más plena.

Claro que no hay que esperar a perder un empleo, porque practicar la espiritualidad no sólo combate el desempleo, sino todas las adversidades que nos trae esta hermosa --y a veces dolorosa-- experiencia llamada vida.

dshoer@ElNuevoHerald.com

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estupendo!!!!!!!!!!!!!!!!!

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