Pero también hubo motivo de celebración para quienes buscamos entender la vida.
Dos de los líderes más iluminados de nuestros tiempos, su santidad el Dalai Lama y el Arzobispo Desmond Tutu, nos obsequiaron una chispa de su sabiduría y gracia en la Universidad Nova Southeastern la semana pasada. Sus presentaciones estuvieron separadas por un intervalo de dos días; los dos difieren en sus creencias y tocaron distintos temas. Sin embargo, la esencia de sus mensajes coincidió en un precepto universal: ningún ser humano es una isla.
Por eso la soledad no lo exime de su responsabilidad humana por el bienestar de su comunidad. El Dalai Lama lo define como armonía. Tutu lo llama reconciliación.
En otras palabras, el sistema humano está enteramente enlazado y las personas somos todas interdependientes.
``Realmente pertenecemos a una familia'', le dijo Tutu al público que lo ovacionó. ``Tú eres mi hermana, tú eres mi hermano''.
En su alocución, el 14to. Dalai Lama, Tenzin Gyatso, había mencionado ese concepto, usando otra metáfora. ``Cada país es parte de tu país''.
En la medida en que los individuos y los países nos hacemos más interdependientes --con la ayuda de la tecnología que nos conecta instantáneamente con el otro lado del planeta-- se torna aún más necesario desarrollar un sentido de empatía universal y solidaridad.
``La responsabilidad universal es sentir el sufrimiento de otras personas tal como sientes el tuyo propio'', explicó el Dalai Lama.

