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Verdaderos maestros del Universo

Febrero fue un mes de grandes celebraciones en el sur de la Florida: el Super Bowl, el Show de Botes, el Festival de Comida y Vino, el Premio Lo Nuestro, las cenas a media luz del Día de los Enamorados. Todo para disfrutar la vida.

Pero también hubo motivo de celebración para quienes buscamos entender la vida.

Dos de los líderes más iluminados de nuestros tiempos, su santidad el Dalai Lama y el Arzobispo Desmond Tutu, nos obsequiaron una chispa de su sabiduría y gracia en la Universidad Nova Southeastern la semana pasada. Sus presentaciones estuvieron separadas por un intervalo de dos días; los dos difieren en sus creencias y tocaron distintos temas. Sin embargo, la esencia de sus mensajes coincidió en un precepto universal: ningún ser humano es una isla.

Por eso la soledad no lo exime de su responsabilidad humana por el bienestar de su comunidad. El Dalai Lama lo define como armonía. Tutu lo llama reconciliación.

Dalai Lama En otras palabras, el sistema humano está enteramente enlazado y las personas somos todas interdependientes.

``Realmente pertenecemos a una familia'', le dijo Tutu al público que lo ovacionó. ``Tú eres mi hermana, tú eres mi hermano''.

En su alocución, el 14to. Dalai Lama, Tenzin Gyatso, había mencionado ese concepto, usando otra metáfora. ``Cada país es parte de tu país''.

En la medida en que los individuos y los países nos hacemos más interdependientes --con la ayuda de la tecnología que nos conecta instantáneamente con el otro lado del planeta-- se torna aún más necesario desarrollar un sentido de empatía universal y solidaridad.

``La responsabilidad universal es sentir el sufrimiento de otras personas tal como sientes el tuyo propio'', explicó el Dalai Lama.

Sus palabras son muy poderosas en esta temporada de elecciones en la que los políticos compiten para representarnos. Los votantes frecuentemente se preguntan: ¿se postulan ellos para su beneficio personal o para ayudar a sus comunidades?

La diferencia entre un político y un servidor público es en última instancia el sentido de responsabilidad universal. El hombre de Estado va más allá de la ideología, trata de sensibilizarse con aquellos menos afortunados y hallar soluciones que requieren la habilidad de encontrar puntos comunes con adversarios.

Esta responsabilidad no atañe únicamente a los líderes de los países o a las personas que han sido elegidas para cargos públicos. Es un precepto que requiere del compromiso suyo y mío.

El monje budista y el arzobispo anglicano, ambos septuagenarios, son viejos amigos. Cada uno ha sido laureado con el Premio Nóbel de la Paz. Tutu contribuyó a la caída del apartheid en Sudáfrica. El Dalai Lama sigue luchando por los derechos humanos del pueblo tibetano, que ha estado bajo ocupación china durante décadas.

Tutu confesó que admira al Dalai Lama y que siente envidia de él --en el buen sentido-- porque atrae grandes audiencias donde quiera que vaya. Pero Tutu también tiene un público multirreligioso que lo sigue. Gyatso ha afirmado que ambos comparten una visión similar.

Tolerancia y compasión son los dos pilares que sostienen sus visiones del mundo, una suerte de manual de instrucciones de cómo los ciudadanos comunes podemos afrontar problemas que parecen abrumarnos.

``Dios dice: `Por favor, ayúdame. Estoy buscando colaboradores humanos para que me ayuden a hacer cosas como [por ejemplo] que la pobreza pase a la historia'', señaló Tutu.

Tutu es el embajador por excelencia de una filosofía tradicional africana conocida como Ubuntu.

Así como la filosofía racional de René Descartes gira entorno a la frase ``pienso, luego existo'', la filosofía humanista del Ubuntu declara que ``yo soy humano porque pertenezco''.

na comunidad auténtica, por consiguiente, es aquella en la que las voces de todos son escuchadas, donde somos hospitalarios, generosos e incluimos a quienes son diferentes. Para logarlo, es necesario emanciparse de la envidia, los odios y las sospechas que suelen dividir a las personas, ya sea en el lugar del trabajo, en la arena política o entre naciones y vecinos.

Hay que dejar de dividir el universo --o en nuestro caso, el sur de la Florida-- en compartimientos. Lo importante, según concluí de las charlas de ambos líderes espirituales, es hacer un esfuerzo honesto para asumir nuestra pequeña parte en la responsabilidad colectiva. Al final del día, es un maravilloso sendero a una vida feliz y plena.

dshoer@elnuevoherald.com

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