Ana Blandino, "una madre desesperada", como ella misma se define, tiene la valentía de compartir su testimonio sobre su hijo con necesidades especiales quien no recibió la atención debida en el Sistema Escolar, de donde salió pesando 43 libras. Estoy seguro que todo padre -- e incluso quienes no lo somos -- puede identificarse con su frustración y dolor.
Sólo Dios sabe todo lo que mi familia ha pasado todos estos meses, terminé sacando a mi hijo dos semanas antes de que el curso escolar terminara debido a la cantidad de estrés (vomitando al frente de la escuela todos los días) que tenía. ¿Sabe que es lo más triste de todo? Que mi hijo no pasó el grado (todo el esfuerzo y la lucha diaria tanto de mi hijo como de nosotros fue en vano), el niño no paso el FCAT del 3er grado pues su resultado fue “1”, la calificación mínima, y todavía después de la reunión que tuve con la directora de la escuela para anunciarme como había salido; tienen la cara dura de decirme que hay otras dos oportunidades más para que él pasara el año tratando de hacer otro examen más, a sabiendas de que mi hijo no sabe restar y mucho menos multiplicar. Fue en ese momento que decidí sacar al niño de la escuela pues no era justo para Adolfito tanto estrés innecesario, no valía la pena.
Cuando Adolfito salió de la escuela pesaba 43 libras con nueve años de edad y para mí era tan difícil mantenerle su peso. Decicí ponerle en un campamento totalmente diferente con gente que él no conociera y encontré un lugar que para mí hasta el día de hoy fue una bendición para él, el Campamento Matecumbe. Si pudiera ver mi cara entendería toda mi emoción, pues mi hijo comenzó a aumentar de peso de una manera increíble, no le puedo explicar qué pasó pero desde que él supo que no iba a la escuela donde estaba la maestra, algo mágico sucedió.
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